La Guerra Civil

Para Joan Palet, la guerra civil comenzó con una tragedia personal que lo marcaría para siempre. Durante los primeros días de combate, mientras la familia se encuentra en la Floresta, su hermano pequeño de once años sufre un ataque de apendicitis. Lo trasladan a Barcelona, pero al llegar se encuentran con una ciudad sumida en el caos. Lo llevan de hospital en hospital, en una carrera desesperada contra la muerte, pero en medio de la confusión general no lo aceptan en ninguno de ellos, todos están llenos de heridos; finalmente, Marcelinet muere en sus brazos. Palet guardó toda la vida en su estudio el retrato que le había hecho meses antes.

Palet es movilizado al frente y se incorpora al Estado Mayor como cartógrafo. Al terminar la guerra, en febrero de 1936, cruza la frontera y es internado en el campo de refugiados de Barcarès. Sus dotes de dibujante hacen más llevadera su estancia en el campo francés. Lo destinan a la brigada de puentes y caminos, hecho que le permite salir todos los días. Pero en realidad le encargan la tarea de pintar en el local que el teniente coronel del campo tiene en el pueblo. Allí le dan comida y todos los días puede llevar víveres a sus compañeros recluidos. Se dedica a lo que sabe hacer, y durante los meses que pasa en Barcarès no hace más que dibujar y pintar.